comic Y cine

sin city
por Diego Rodriguez

Frank Miller revolucionó el mundo del cómic y muchas mentes inquietas en 1983 con Ronin, la historia de un samurai sin señor al que servir (la influencia de la filosofía oriental en sus argumentos es contínua) en un, no muy lejano, futuro apocalíptico sacado del Amanecer de los muertos. Ronin marcó un antes y un después en el arte de las novelas gráficas. El regreso del señor de la noche (la primera parte de ese trabajo en la que narra la decadencia de Gotham es genial) siguió la línea creativa, y ya en los 90 creó Sin City, su obra maestra. En este trabajo guioniza, dibuja, y sobre todo experimenta ese blanco y negro barroco y expresionista, llevándolo hasta extremos a veces psicodélicos (Ida y vuelta al infierno), otros directamente impresionistas (Ese cobarde bastardo) y creando, siempre de manera original, puro arte postmoderno lleno de referencias y mezclas, como si de un nuevo género se tratara, Sergio Leone hizo lo mismo en los 70 con el Spaghetti Western, una influencia clara en el trabajo de Miller, y quizá este film sea eso precisamente, un nuevo Spaghetti, un pastiche de géneros.
Miller crea unos personajes de una pieza y lo hace con simpleza y naturalidad, diálogos pulp llenos de tópicos llevados el extremo, y unos dibujos llenos de fuerza. La mirada de sus anti-héroes, es tan peligrosa como la de los corruptos dueños de la ciudad del pecado, y quizás ahí resida el único "pero" a esta versión mimética que Robert Rodríguez y el propio Miller han llevado a las pantallas: la traslación casi idéntica de cómic a cine pierde en este caso gran parte de esa fuerza original por la interpretación de los protagonistas, unos mediocres, en el caso de Bruce Willis y Clive Owen, siendo como son grandes actores, no así Mickey Rourke, estos personajes necesitan transmitir esa violencia salvaje a través de los ojos y solo Rourke lo consigue, realmente él es Marv, un auténtico psicópata con un código propio de conducta donde los grises, igual que para Miller, no existen.
En la ciudad del pecado la moral tiene un código diferente, la policía corrupta campa a sus anchas y Marv y sus amigos son la única defensa de los parias y desesperados, generalmente pobres, ante todo un arzobispo católico y un gobernador del estado.


Desde El Protegido (que precisamente no está basada en un cómic), ninguna película había conseguido transmitir esa magia de una historia bien contada, en la que no importa lo fantástico o descabellado del argumento. Batman fue como el despegue de un subgénero que había conocido cierto auge en los 70 con Superman y antes en las décadas de los 50 y 60 con las adaptaciones de Batman con sus globos de onomatopeyas y de un Spiderman colgado de cables nada invisibles, así fueron pasando adaptaciones sin nada interesante que aportar hasta la década de los 90 con el Batman de Tim Burton y su gran y muy original secuela Batman Vuelve, aunque en este caso poco tuviera que ver con cualquier cómic. Después de estas películas la mejor aportación al género no llegaría ya hasta X-Men de Brian Singer, la primera del género que lo trata con un mínimo de seriedad y rigor narrativo, llegando así hasta El Protegido de M. Night Shyamalan, la mejor hasta el momento en el género, el mejor trabajo de este director hasta la fecha y un apasionante retrato del nacimiento de un superhéroe y la relación entre poder y responsabilidad, una guía practica de la ética que debe seguir alguien que tiene la posibilidad y los medios de hacer el bien, algo muy útil hoy en día en EEUU.


En El Protegido Shyamalan fascina desde el primer minuto con ese largo plano secuencia presentando a nuestro futuro súper-héroe a través de los ojos de un niño, en una situación nada heroica por cierto, resolviendo el accidente del tren con una genial elipsis mucho más interesante que el festival de efectos especiales que se suele usar en estos casos (uno de los grandes aciertos de este director en todos sus filmes).
Después de este arranque consigue que nos identifiquemos con un personaje siniestro a primera vista, vestido siempre de negro, obsesionado con el protagonista, pero que al conocer su historia no podemos sentir otra cosa que una profunda complicidad y empatia con este pobre paria de la sociedad, condenado a vivir toda su vida en mundo lleno de peligros inminentes, en constante alerta ante cualquier descuido o ligero golpe, un autentico hombre de cristal. Nos enseña que su objetivo en la vida, como el de cualquiera de nosotros, es encontrar su lugar en el mundo, y en su caso para conseguirlo debe encontrar a su antagonista, la otra cara de la moneda que le ha tocado en suerte. La secuencia en la que el protagonista toma conciencia de ser un autentico súper-héroe y sigue a un asesino en serie hasta la casa de sus victimas y la posterior lucha con él, esta rodada con una mezcla de terror sobrenatural y épica, deudora directamente del comic, esta brillante secuencia acaba con el héroe volviendo a casa consciente de su cambio, con los consecuentes cambios también a nivel personal como si de Peter Parker se tratara.
Sin duda la película de referencia hasta el momento en el género mientras esperamos con optimismo la adaptación de la obra maestra de Alan Moore V de Vendetta, la elección de Natalie Portman como protagonista ya representa un punto a su favor.
Ojala no nos estropeen esta vez el comic.

 

Diego Dodríguez. (sept'05)

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