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  LEO BROUWER / SHIN-ICHI FUKUDA / ORQUESTA DE CÓRDOBA

-Primera parte:
“Los negros brujos se divierten” para conjunto de cámara, de Leo Brouwer
Suite "Iberia" ("Evocación", "El Puerto" y "El Albaicín") para guitarra y orqesta, de Albéniz/Brouwer

Shin-Ichi Fukuda, guitarra en "Iberia"
Orquesta de Córdoba. Director: Leo Brouwer

-Segunda parte:
"Concerto da Requiem (In memoriam Toru Takemitsu)", para guitarra y orqesta, de Leo Brouwer

Shin-Ichi Fukuda, guitarra
Orquesta de Córdoba. Director: Leo Brouwer


12 de julio de 2008. 21:30h
Gran Teatro de Córdoba
Aforo: tres cuartos de entrada


El maestro Leo Brouwer volvía al Gran Teatro. La ocasión, homenajear en su 75 cumpleaños a Julian Bream, célebre guitarrista qe además este año ha sido el centro de atención de las Jornadas de Estudio del festival. Brouwer volvería a dirigir a la Orquesta de Córdoba después de varios años (más de un lustro, qizá) sin hacerlo, para la interpretación de dos obras suyas ("Los negros brujos se divierten" y "Concerto da Requiem") y una transcripción para guitarra y orqesta de tres movimientos de la suite "Iberia" de Albéniz qe precisamente había dedicado a Julian Bream años atrás.
Sobre el escenario, un grupo de músicos preparándose para atacar la primera obra, el podio del director y, sobre éste, un taburete giratorio alto: sabíamos qe Brouwer tenía una grave lesión de menisco e iba a dirigir sentado. Y apareció caminando sobre un par de muletas, se sentó sobre el taburete y a por ello. Fue un instante de gran emotividad: jamás lo había visto u oído dirigir salvo por la tele o en disco, y ahora lo estaba viendo en directo. Además se trataba de una de sus grandes obras de cámara, "Los negros brujos se divierten", llena de color y de energía. Y coloristas y enérgicas fueron la dirección y la interpretación, sobre todo las de las flautas en do y piccolo y la de un Javier Riba en estado de gracia a la guitarra.

Seguidamente salió a escena el resto de la orqesta y el guitarrista japonés Shin-Ichi Fukuda para tocar "Evocación", "El Puerto" y "El Albaicín", de la suite "Iberia" de Albéniz. Otra vez Albéniz y otra vez "Iberia"... no sé cómo voy a aguantar el próximo año, qe es el centenario de la muerte del compositor gerundense. Y ojo, en ningún momento (ni en esta crónica ni en la del concierto de Juan Manuel Cañizares) he dicho qe Albéniz no me guste ni qe sea malo (dios me libre). Lo qe no me gusta es la repetición, la falta de originalidad. No tiene absolutamente nada de malo orqestar, versionar, programar a Albéniz, sobre todo si se trata de la orqestación en cuestión, qe con tanta sensibilidad hizo Brouwer hace más de diez años: pero si yo escucho "Iberia" en un concierto y a los pocos días "Iberia" en otro, después de haber escuchado doscientos millones de veces "El Albaicín" en los últimos años, supongo qe es comprensible qe lo qe yo busqe sea otra cosa.
Pero dejando aparte mis asuntos personales, qe tienen la misma importancia qe un culo (todo el mundo tiene uno, igual qe asuntos personales), siendo objetivos, la interpretación de "Iberia" fue un poco cutre (llevo días buscando la palabra, no se crean), más qe nada porqe el solista japonés no estuvo a la altura de la orqesta ni del director. Fukuda exhibió un sonido gangoso, excesivamente percusivo y sucio, con fraseos poco elegantes y desaparición de bastantes fragmentos debido a la inexactitud de la pulsación. Cutre.

Después del sufrimiento vino el descanso, y después el estreno en España del "Concerto da Requiem (In memoriam Toru Takemitsu)" de Leo Brouwer. Afortunadamente no iba bien preparado para escucharlo, ya qe tres años atrás había escuchado su concierto "El libro de los signos" para dos guitarras y orqesta y no me había causado buena sensación: por tanto, pensé qe el "Concerto da Requiem) no me iba a decir nada nuevo. Así la sorpresa fue mayúscula, porqe Brouwer ha firmado con esta obra una página monumental en su catálogo, a la altura de los conciertos "Elegíaco" y "de Toronto". Se inicia de manera similar al "Concierto de Helsinki", con una breve secuencia de acordes, qe en este caso forma un motivo ascendente por segundas mayores. Qizá Brouwer no haya pensado en ello, pero este motivo principal, recurrente a lo largo de toda la obra, puede ser visto como una retrogradación del motivo inicial ("Le-be-wohl") de la sonata op. 81a "Los adioses" de Beethoven. Intuyo qe es pura coincidencia, porqe el origen directo del motivo es otro: sin embargo, visto de esta manera, el concierto toma un significado mucho más profundo y partiendo de aqí se puede hilar una serie de interpretaciones qe daría para un análisis más completo, pero este texto es sólo una humilde crónica. Con el "Concerto da Requiem", Brouwer da una vuelta de tuerca a su propio estilo: donde en otros conciertos se percibe por encima de todo el Brouwer de profunda sensibilidad armónica y de genio orqestador, aqí se ve un Brouwer qe, además de mostrarse crecido con estos parámetros, juega a hilar una serie de motivos, materiales, objetos sonoros, en el espacio, qe nos muestra en cada aparición como atravesados por las más diversas luces y gracias a una forma tan coherente como llena de sorpresas, les da una colosal dimensión temporal. A todo ello se unen las sentidas referencias al lenguaje de Takemitsu, uno de los más grandes compositores qe dio el siglo XX, lo qe añade aún más interés si cabe a este concierto qe ya podemos colocar en el pedestal de los mejores conciertos para guitarra y orqesta de la historia (de los cuales unos cuantos serían del propio Brouwer, por cierto).

Shin-Ichi Fukuda tuvo intención de enmendar la pésima ejecución (por partida doble) de la anterior obra y le salieron unos cuantos buenos momentos en este concierto, pero aún así no llegó. Siguió sonando gangoso y sucio: menos qe antes, pero también un tanto molesto al oído. En cuanto a la orqesta, no puedo objetar nada. Eso sí, vi a un Brouwer director muy sólido, muy bien anticipado, preciso con las entradas y con perceptible entusiasmo. Y todo ello con una titánica entereza, a pesar de su lesión de menisco. Admirable.
El público presente en la sala ovacionó al guitarrista japonés al terminar el concierto (qe a mí me pareciese malete no qiere decir qe a los demás también se lo pareciera) y éste tocó como propina un fragmento de "El arpa y la sombra", obra del propio Brouwer a la cual el "Concerto da Requiem" debe su motivo principal.

Fue una velada cargada de emociones para muchos de los qe tuvimos o simplemente sentimos al maestro Leo Brouwer cerca en aqellos años noventa. Para recordar.

 

-Trabas. julio'08