| |
TOMATITO
Tomatito, guitarra
Cristóbal Santiago, segunda guitarra
Morenito de Íllora y Simón Román, cante
Lucky Losada, percusión
José Maya, baile
Gran Teatro, Córdoba
10 de julio de 2008. 21:30h
Aforo: lleno
Tomatito lo petó. El flamenco, desde qe salió de su ostracismo y abandonó su marginalidad original, vive tiempos dorados. Para darse cuenta basta con fijarse en cómo hace más de una década qe los Premios Nacionales de Música dejaron de ser patrimonio exclusivo de la música clásica: el último ejemplo, el del cantaor Miguel Poveda el año pasado. El flamenco en directo llena tablaos, bares, salas de concierto, teatros e incluso estadios.

Tomatito salió al escenario tranqilo, taciturno, acompañado solamente por su guitarra, luciendo no chaleco, pero sí camisa de lunares: lo comido por lo servido. Abrió el concierto sin sorpresas, con una linda rondeña, muy flamenca pero con frecuentes excursiones fuera del estilo. Reveló desde la primera nota un sonido roto, rasgado: un punto sucio, pero aún así con cuerpo, bien redondo.

En seguida se le unió la tropa: segundo guitarra, dos cantaores, percusionista y bailaor. Este último era un ser humano un tanto andrógino con una técnica envidiable, capaz de ejecutar los ejercicios gimnásticos más complicados, pero qe sólo salió al principio y al final del espectáculo. De todos modos, ya en su primera aparición había dado todo lo qe podía dar: explotó una larga serie de recursos todos distintos qe iba alternando o repitiendo y parece qe no se guardó nada para cuando volvió a salir al final, puesto qe repitió las mismas acrobacias otra vez.

El concierto discurrió casi con la familiaridad pura de un espectáculo flamenco de tablao, muy distinto al carácter de los conciertos de Paco de Lucía, donde todo es bastante más solemne. Sin embargo, salvo a los cantaores (obligadamente), Tomatito no dio espacio a nadie. El segundo guitarra estaba de pegote, no pintó absolutamente nada en todo el concierto: ni tocó ni se le oyó ni nada, salvo cuando le daba notas a Tomatito para qe afinase (con gran estruendo, poco fino, por cierto). Ahora, su guitarra no la afinó en ningún momento, así qe no entendí nada: ni para qé estaba él, ni por qé Tomatito tomaba como referencia su guitarra para afinar, ni cómo era posible qe Tomatito lograse afinar de aqella manera. En cuanto al percusionista, muy bien, pero en la sombra: excesivamente discreto y casi soso. O soso a secas.
Menos me gustaron los cantaores, dos histriones a cual más exagerado. Qizá Morenito de Íllora supo sacar mejor partido de su voz, pero sólo puntualmente, mientras qe Simón Román sólo parecía saber vociferar como un verdulero.

Fue un espectáculo muy flamenco y bastante cerrado, con pocas o nulas incursiones en otro tipo de sonoridades, lo qe para mí resultó un tanto repetitivo. Aún así, como decía al principio, Tomatito lo petó. El Gran Teatro, me refiero. El público se rindió ante él, aunqe no creo qe estuvieran contra él en ningún momento dados los innumerables instantes de la velada en los qe se oían jaleos desde varios puntos del teatro. Y es qe este hombre tiene un toqe espectacular: por mucho qe a mí me resultase cansino, al público eso lo vuelve loco, y los obligaron a tocar un bis. Antes de empezar con él, tuvo lugar uno de los pocos momentos en qe Tomatito qiso decir algo, pero enseguida un exaltado lo cortó gritando desde el fondo del teatro: "¡No te vayas, Tomate, qe estamos muy a gusto aqí contigo...!".

Si el público es feliz, no puede ser malo del todo. Y aqella noche Tomatito y su grupo hicieron feliz a un abarrotado Gran Teatro.
-Trabas. julio'08
|
| |