The Riverboat Gamblers
(Winston, Amsterdam 21-02-2004)
por Poodle Bites

Hacía exactamente tres meses que no entraba en el Winston ... y ¡menudo reencuentro, madre mía! Ya entré un poco asfixiado porque pensé que llegaba tarde y menos mal que no fue así. Se oía ruido dentro, pero cuando entré, vi que eran los teloneros. Un grupo alemán, según me dijeron, de cuyo nombre es mejor ni acordarse. ¡¡Que malos, mí madre!! Batero, bajo y guitarra acompañados por dos teutonas con pinta de no haberse lavado en toda la gira y haciendo un simulacro “hijos del metal” cabreados, que daban mas ganas de vomitar que de ser escuchados, pero igual es lo que pretendían.

De cualquier manera, este tiempo siempre es útil para darte cuenta de lo bien que suena la sala, de buscar el mejor sitio para ver lo que de verdad interesaba esa noche y para pedirte una cerveza, que después de la bici, siempre se tiene sed.
Pues nada, montan en un santiamén y casi sin darnos tiempo a enterarnos, ya están tocando “Let’s Eat” y como no llega al medio minuto.
No nos da tiempo casi ni a mirar hasta que ha empezado la segunda canción “What’s What?”. Ya desde el principio muestran sus cartas abiertamente: a saco y sin tiempo para contemplaciones.
Solo al final del evento, se tocaron su himno “Lottie Mae” para el deleite de las parejitas allí presentes. El cantante, Mike Wiebe, es como un mono, no para quieto. “Ese tenía que tener contenta a su madre de pequeño” chillaba a mi lado un Idiota que no acababa muy bien de creerse lo que estábamos viendo. El tío se sube a todos los lados, salta, se tira al suelo (con los riesgos que eso conlleva.
Al final del concierto, el tío estaba sangrando de la mano izquierda) y mientras tanto, milagrosamente, todavía le queda aire para cantar. Increíble.
Los guitarristas echaban humo. En serio, no es una exageración (aunque sí una metáfora).
Colin Jones, el rítmico, debía tener un muelle en el brazo o algo, porque desde este sábado es el campeón del mundo del raca-raca, y el solista, Fadi-el-Assad, era una mezcla entre Hong-Kong-Fui y un mono mezclado con gorila de las nieves.
Guitarra a la altura de las rodillas, piernas abiertas y mirada al cielo, a día de hoy, todavía dudo que el menda tenga algún dedo sano. De cualquiera de las dos manos. El bajista, Pat Lillard, es el famoso desdentado. Si visitas su pagina web, nada más abrirla, verás a un tío sangrando por la boca.
Bien, ese es Pat que, como guarda su energía exclusivamente para los bolos de postín y en los demás conciertos está sentado (léase esta frase con un acusado tono irónico, si me hacen el favor), pues el tío se partió varios piños y piden donaciones para ponerle una prótesis al chaval para que tenga un aspecto más juvenil, que ahora parece un abuelo cuando sonríe. Bien, tuve tiempo para preparar dos teorías a base de los piños del bajista: la primera es que se los partió saltando amongoladamente, que, como pudimos constatar este sábado, es algo que hace durante todo el concierto.
El tío se pone a dar saltitos siguiendo un propio ritmo interior (digo yo, porque con la canción no van) y al acercarse demasiado al micro sin dejar de saltar, pues se metió con el micro en toda la boca y se montó el pollo en cuestión. La otra teoría, no menos descabellada, es que el otro retrasado, Mr. Wiebe, en uno de sus momentos goriláceos le atiza en la boca “sin querer”, por supuesto.
Al final, supe que la realidad fue una mezcla de mis dos teorías: se partió los piños con un micro despistado, eso sí, pero lo lanzó el cantante. Pudimos observar cuan afectado está por dicho accidente, ya que no dejó de repetir lo de tirar el micro al aire durante todo el concierto. El techo del Winston tiene algún abollón más desde el pasado sábado. De cualquier manera, esto carece de la más mínima relevancia, así que olvidaremos lo dicho hasta ahora sobre el tipo en cuestión.
Bueno, solo queda el batero. No llamaría la atención por nada, si no fuera porque a veces no se le ven los brazos de la piña que pilla cuando tiene que redoblar en esas canciones que van más rápido que la luz. Vaya, me he despistado y por supuesto el cantante ya no está en escena. Miro por todos los lados desesperadamente y por fin, por un acto reflejo, miro al cielo y ahí esta, encima de nosotros, colgado de la barra donde van las luces. ¿Pero es que nadie va a parar a ese elemento? ¡¡Y encima está cantando!!

Acaban tras algo menos de una hora para salir a darnos la lata otra vez diez o quince minutos más y por fin, cuando se ve que no vuelven a salir (los guitarristas tiran todo por ahí y empiezan a poner musicota) miro alrededor y solo veo caras de pasmo, cansancio y satisfacción.
Los mas afortunados repiten mañana, gratis en el Patronaat, en Haarlem. Yo me conformo con lo que he visto hoy, uno de los conciertos más eléctricos, enérgicos y viscerales que he visto en mi vida. Y por siete mauros...

Poodle bites (feb'04)

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